Precisa cualquier viajero, después de algún tiempo
de vagabundeo por cualquier villa, y para su mejor entendimiento,
de una mesa amiga donde reponer las fuerzas gastadas en el camino,
y un vaso de vino con que refrescar el gaznate. y vive Dios que
si de esto estuvieras menesteroso, ninguna mejor que Valderas
para saciar apetitos, reconfortar el estómago y solazar el
paladar.
Cuenta Valderas desde siglos con fama de buen comer y de mejor beber,
no en balde estás en Villa construida sobre bodegas.
Siéntate pues a la mesa, llena tu vaso del buen vino de esta
tierra, vino alegre por su aguja, debido a la variedad de uva Prieto
Picudo, con que se elabora, de recio paladar y generoso aroma. Y
ataca ya sin más la cazuela de barro repleta de gruesas tajadas
de bacalao al ajo arriero, sumergidas en la salsa aún bullente
por el calor conservado en el barro, o el conejo guisado con su
toque de picardía , y para acompañarlo el pan de Valderas,
pan bregado, amasado y cocido con tiempo y con cariño, de
miga compacta, esponjosa y corteza dorada y brillante. y de postre
para acabar el pan y el vino un poco de queso de oveja, queso fuerte,
curado, que hace cosquillas en el paladar. Y si acaso antes del
café, alguna de esas especialidades reposteras, roscas, pastas...
con que endulzar la sobremesa.