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HISTORIA

Hablar de Prado de la Guzpeña es hablar de la mina, de extracción de carbón, o lo que es lo mismo de lo que vivió toda la zona, por tanto, el "carbón" va intimamente ligado a los habitantes del municipio, veamos una pequeña historia.

HISTORIA DEL CARBÓN en el término municipal de Prado de la Guzpeña.

Las superficies productivas de los Yacimientos carboníferos leoneses están conformadas por diversas cuencas constituidas a lo largo de las diferentes etapas del carbonífero, circunstancias ésta que determina las particularidades de cada una de ellas.

En cuanto a  su disposición espacial, las cuencas, se localizan distribuidas a lo largo de las estribaciones meridionales de la Cordillera Cantábrica, en la zona de contacto de la llanura con la montaña, presentando una disposición longitudinal intermitente que se extiende desde la zona de Fabero, por el oeste, hasta Valderrueda, por el Este.

Atendiendo a sus límites topográficos y características geológicas, el terreno carbonífero productivo se considera dividido en las siguientes cuencas, manchones o zonas, que abarcan el conjunto provincial de oeste a este y de norte a sur.

1.- cuenca de Villablino

2.- Manchón del Bierzo

- Cuenca de Fabero

- Zona del Sil

- Zona de Toreno

- Zona de Labaniego

- Zona de Torre del Bierzo

- Zona de Igueña

- Zona de Tremor de Abajo y La Silva

- Zona de Tremor de Arriba.

3.- Manchón de San Emiliano y Busdongo

4.- Cuenca de la Magdalena.

5.- Cuenca de Ciñera y Matallana.

6.- Cuenca de Sabero.

7.- Manchón de Valderrueda.

- Zona de Prado de la Guzpeña

- Zona de la Espina.

- Zona de Besande.

En concreto, el Manchón de Valderrueda, queda separado de la Cuenca  de Sabero por el levantamiento calizo de Peñacorada, que constituye una franja carbonífera aislada que comienza en el término de Prado de la Guzpeña y que se adentra en la provincia de Palencia. Con más de 30 capas, el manchón se divide en las zonas de Prado, La Espina y Besande, cada una de ellas con características propias.

En la primera, las capas tienen una inclinación que oscila entre 45º y la verticalización de volúmenes de 2 y 6 metros, aunque en las más anchas, el carbón-hulla con 20 a 22% de volátiles, aparece muy mezclado con pizarras.

En el área de la Espina, al sureste del manchón, los sustratos no superan el metro de espesor y contienen, indistintamente, hullas magras y antracitas de bajas características.

Por último, en el ángulo N.O., en la zona de Besande, las capas se presentan con 0.40 a 1.80 metros de espesor y a 20-25º de inclinación. Sin embargo, se encuentran muy plegadas y rotas, de forma que la producción de menudos es importante y la explotación costosa, a causa de su irregularidad.

LA FASE INICIAL DE LA MINERÍA LEONESA. 1764-1860

La inexperiencia en cuanto a las utilidades del carbón mineral, el desconocimiento sobre la ubicación de los yacimientos, la impericia en lo concerniente a las técnicas de laboreo y el tradicional apoyo al carbón vegetal, fueron, básicamente, las causas de que la minería el carbón no comenzase a desarrollarse en nuestro país hasta la década de los años 1770 al 80, cuando, tras varios años llegando la hulla inglesa a los puertos españoles, siguió una muy reducida demanda de este tipo de combustible. En palabras de Call Martín “ el nacimiento de esta demanda y muy especialmente el empeño de la minoría ilustrada del país por difundir las ventajas de este combustible sobre el carbón de leña, fueron las bases sobre las que comenzó la explotación de los recursos carboníferos”.

Diremos que, como curiosidad, que la hulla inglesa comenzó a  hacer su aparición en los puertos españoles, en primer lugar en el de Bilbao, hacia los años 1763-1764.

Según MADOZ, en 1847, decía que “ el Estado actual moderno de la industria minera, ofrece poco que decir, empresas particulares o particulares aislados, explotan para sus herrerías comunes, las vetas de hierro; lo mismo sucede con las minas de carbón de piedra y antimonio; en la sección oriental se ha formado una sociedad llamada “LEONESA-PALENTINA” que entre otros proyectos establece una fundición de hierro en grande, que promete prosperar.

Además de otras menciones menos concretas, la cita más amplia que hallamos en la obra de Madoz, acerca de la minería del Carbón se refiere a las explotaciones emprendidas en el partido judicial de Riaño: “en términos de Berdiago hay una mina de galera argentífera propia de la sociedad minera LEONESA-PALENTINA, que igualmente posee otras en los términos de Alegico, Argovejo, Cistierna, Santa Olaja de la Varga, Cerezal, Olleros, Cotillos,(sic) Sahelices y San Pedro de  Valdesabero, de la clase todos de hierro, carbón de piedra, cobre, alcohol, y otros metales; Las de carbón de piedra son los más abundantes y se encuentran en estado de explotación de dos años a esta parte; en el último de los mencionados pueblos se está construyendo de cuenta de dicha sociedad un alto horno de fundición con otros varios edificios y maquinaria necesaria para beneficiar el producto de dichas minas”.

Según PELLICO, en 1852, los puntos donde radicaban las principales explotaciones eran, Sabero, Cerezal y Valderrueda. En otras localidades, como en Prado de la Guzpeña, Soto, Cegoñal, etc., los trabajos tenían menos entidad, consistiendo principalmente en calicatas para reconocer el terreno y para calcular su cubicación.

El manchón de Valderrueda, donde se venían haciendo calicatas y estudios desde varios años atrás, aunque no había despertado aún la atención suficiente como para que se efectuasen reconocimientos oficiales, no por eso fue totalmente descuidados. Paulatinamente, las publicaciones del ramo, iban dando cuenta de su importancia, así como de las dificultades que bloqueaban su explotación. Entre 1851 y 1854, la sociedad formada por Mollinedo y Lafuente  registró en la zona un total de dieciséis minas, que comprendían treinta y tres pertenencias, repartidas por los términos de Villacorta, Soto,Valderrueda, Cerezal, Taranilla y Prado de la Guzpeña.

A partir de mediados de los años 50 y especialmente tras la ley de 28 de Enero de 1856 sobre el establecimiento de sociedades anónimas de crédito, comenzaron a fluir hacia España capitales extranjeros. Así, en esa fecha, las mismas que Mollinedo y Lafuente poseían en la zona de Valderrueda pasaron a ser propiedad de la “Sociedad General del Crédito Mobiliario Español”, empresa constituida en ese mismo año y filial de la homónima francesa fundada en 1852.

A finales de 1859 se contabilizaban ya 216 minas de carbón concedidas en las diversas cuencas, que ocupaban según Pérez Moreno, una superficie de 3.805 Ha, sólo un escaso porcentaje de las explotaciones resultaba verdaderamente productivo.

Al finalizar este período solamente tenemos constancia de cuatro empresas mineras establecidas en la provincia, la “Palentina-Leonesa” el “Crédito Mobiliario Español”, la sociedad “La Ventajosa” (esta compañía contaba con minas de carbón y de hierro en Otero de las Dueñas y con explotaciones carboníferas en la Magdalena, Onzonaga, Colle (Sabero) y Taranilla (Valderrueda) y la “Sociedad Leonesa Vallisoletana” (esta sociedad operaba en el término de Prado de la Guzpeña.

Así consta en la relación de premiados en la  oposición Castellana de septiembre de 1859, publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de León de 30 de enero de 1860.

En 1859 las explotaciones se distribuían del siguiente modo: Valderrueda, con 27 minas concedidas y 25 desmarcadas, Sabero, 17 otorgadas , con un total de 68 pertenencias, Matallana, 57 minas concedidas y 17 desmarcadas, con 37 pertenencias y Otero de las Dueñas, donde eran 17 concedidas y 46 desmarcadas, ocupando 73 pertenencias. Proporcionalmente el primer puesto correspondía a Valderrueda, con el 20.4% y Sabero con el 18.4%, respectivamente.

Aunque muchos de los registros fueron obra de residentes en localidades de la provincia, se detecta también un elevado número de solicitudes formuladas por individuos procedentes de los más cariados puntos de la geografía nacional, como Madrid, Ciudad Real, etc. con preponderancia de los avecindados en las zonas limítrofes, en Valladolid, Palencia, Zamora o Guardo. Datos del BOE 11/04/56

Según los expedientes manejados por la Junta Superior Facultativa de minas; la superficie hullera registrada en las provincias distribuía por términos municipales.

Cortizo, en 1977 resume la distribución geográfica y propietarios de las minas, en concreto; el mayor número de minas radicaba en el ayuntamiento de Otero de las Dueñas, donde se beneficiaban de 13, seguido de Valderrueda y Sabero, con 8, respectivamente, y los de Prado  de la Guzpeña y Matallana, con 7 minas cada una.