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Así como los maragatos
se presentan como el atavismo popular más representativo
de León, también las mantecadas de Astorga
parecen resumir la repostería leonesa. Tienen justa fama.
Dice la fe popular que lo fórmula fue sustraída por
una monja braguetera que abandonó el convento.
Comparten fama repostera con las mantecadas, los lazos de San
Guillermo (Cistierna) o los nicanores (Boñar),
pero son fórmulas hojaldradas de pastelería importada,
ya que la tradición repostera popular no puede permitirse
más alardes que el de un fogón y pocos medios. Con
harina, huevo y azúcar se hacen frisuelos (afilloas
bercianas, feixuelus babianos), sequillos, roscas ciegas
o galletas de "tranca la puerta". El arroz con leche
(asturianamente hermanado), la leche frita, las pastas
de nata o los borrachos en leche.
En algunos pueblos de la
Valdería saben hacer aún guindillas de monja,
aunque son las monjas de Sahagún, de Gradefes o de San Miguel
de las Dueñas, las que aún siguen haciendo amarguillos,
canutillos y otros delicadezas de tan intenso sabor; que se
diría que están impregnadas de indulgencia plenaria
para que el pecado de gula sea obligatorio.
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