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En cuanto
al botillo, de predicación insistida en estos días,
hay que decir que es fórmula arcaica cuyo origen se desdibujo en
la historia y en la geogría, aunque en el Bierzo se canta
su denominación propia. Lo cierto es que este mismo embutido o
variaciones similares se han hecho siempre en vertientes asturianas de
la montaña leonesa (le llaman hutiello o butiexto), en zonas de
Galicia (androlla) o en Laciana y Maragatería (martina), consistiendo
todos ellos en embutir huesos con algo de carne y trozos del despiece
sobrantes de la matanza del cerdo. Ahumado primero y eritrecalladococido
después, el botillo suele acompañarse con chorizos de
la matanza y una guarnición de patatas y verduras (Repollo
con cachelos).
Pero es el
cocido maragato el que se alza con la fáma culinaria leonesa,
de la misma forma que la indumentaria y costumbres de este pueblo acaban
siempre representando la singularidad leonesa. El cocido maragato tiene
su rareza en que ha de comerse a la inversa, comenzando por las carnes
(han de ser preceptivamente siete: de vaca, lacón, patas y oreja
de cerdo, cecino, cordero, cabra y tocino, añadiéndose además
el "relleno" (hecho de pan, huevo, ajo y perejil), el chorizo y la morcilla,
para continuar por los garbanzos con verdura y, finalmente, lii sopa,
a cuya conclusión se toma como postre tradicional el bizcocho
maragato.
Se discute
sobre el origen de esta invertida costumbre y hay quien dice que lo pusieron
de moda los arrieros que habían de comer en tránsito en
olla de barro, aunque parece más que nada fórmula lógica
de comida labriega hecha en campo de faena (si se iniciara por lo sopa,
vaciando el calor de la olla, se llegaría a las carnes totalmente
frías).
Lo tradicional
en la cocina arcaica leonesa eran siempre los potajes, una olla al fuego
lento de toda una mañana en la que tenían que conciliarse
por fuerza legumbres, patatas, verduras y un poco de alegría de
matanza en costillas curadas o carnes muy viudas. Por ese camino anda
la conocida olla berciana (acelgas, lechugas, berzas, patatas,
alubias, botilla, chorizo, lacón, morcilla, oreja y pata de cerdo,
gallina, morcillo y pimientos rellenos), algo que recuerda la moda introducida
por los franceses que acudieron a estas repoblaciones medievales con su
predicamento bárbaro de la olla podrida, esto es, el "poutpurri",
pote podrido.
Ya metidos en potajes, citemos
algunas de las contundencias leonesas: liebre con alubias blancas,
lebrato con arvejas, cordero con patatas (en toda lo montaña),
garbanzos con bacalao y espinacas (de viernes, cuaresmales) o ese
caldo ancarés que es gallego hasta en su tacañería
de ingredientes, pero generoso en sabores.
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