La ruta de la Plata
 
 

      Se discute aún el origen de la denominación como Ruta de la Plata de esta gran vía histórica por la que todo el noroeste español ha buscado verticalmente el sur y su sol de invierno. Los romanos no hicieron otra cosa que confirmar el paso y la ancha senda que sin duda trazaron los pueblos iberos y celtas. Ensancharon y afirmaron el camino que uniera dos de las principales ciudades occidentales, Astorga y Mérida.

      Otros entendidos aseguran que el nombre de Plata fue cosa árabe, cuya penetración y conquista utiliza esta misma vía. Aún otros prefieren dejar el asunto en su enigma, pero nadie niega la importancia y la existencia de este camino natural desde los tiempos más remotos del poblamiento prehistórico.

      El viajero se encuentra con todo tipo de señas que el tiempo ha dejado escritas en su trazado, desde la cultura prerromana hasta las intensas repoblaciones medievales.

      Ya en la provincia leonesa, en las riberas del Eria, del Órbigo o del Duerna, no pocos enseñan vestigios de viejos castros astures (la de los orniacos era una de las 24 tribus astures que poblaron León). Algunos de estos poblados fueron abandonados al ser obligados sus habitanes a instalarse en tierras llanas que controlaban las legiones romanas. Otros acabaron asolados y no pocos fueron cimiento de nuevos pueblos y asentamientos.

      La invasión árabe y la posterior Reconquista afectaron al paisaje humano y poblaciones. La Ruta de la Plata que recorre León así lo confirma con una reiteración monumental sin parangón. Toda una enciclopedia de la historia del Arte acompaña en todo momento los pasos del viajero.
 

 
 
 
 
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