
Si el cristianismo se hizo
dueño de la fiesta arcaica tras aquellos primeros siglos en los que aún León
presentaba su cuño pagano y ancestral (late aquí, como en toda España y en todo
el occidente, el peso imparable de la Historia), no siempre los santos y las fuerzas celestiales
pudieron ocultar el pulso profano que aún hoy se percibe en un sinfin de celebraciones
populares y no les queda otro remedio que consentir de buen grado en un ritual
festivo en el que cabe casi de todo. Nada,
por ejemplo, como las Vírgenes para convocar al jolgorio campestre y a la romería,
que es lo propio en torno a tantos santuarios y tantas advocaciones. Ahí está
confirmándolo cada año la espectacular romería de la Virgen de Castrotierra,
cuya
celebración acuerdan en concejo la Cofradría
de la Tierra que componen varios pueblos y que dicta si ha de sacarse o no en
procesión a su patrono para trasladarla desde este pueblo hasta la catedral
astorgana, distante 15 kilómetros. Manda la sequía, aunque no siempre, porque
ya es acostumbrada convocatoria para todos los pendones de estas comarcas (más
de treinta) que orlan una serpenteante y bulliciosa comitiva, especialmente
en el camino de retorno cuando se devuelve la imagen a su santuario.
La Virgen de La Velilla compite en concurrencia
congregando a miles de riañeses y gentes de Prioro, Cea y hasta Sahagún en este
enclave de la montaña oriental en tierras de Valdetuejar. Otra
Virgen, la de Carrasconte, coincide en fecha con la anterior (15 de agosto)
para hacer que suban hasta el collado donde se asienta su santuario a caballo
entre las comarcas de Babia y Lacíana, jornada no menos multitudinaria de comida
campestre, procesiones y tensión entre el mocerío. A
la Virgen de Camposagrado, apenas distante tres leguas de la capital leonesa,
le viene a ocurrir lo mismo en una jornada recuperada recientemente y que congrega
todos los atavisrnos del folklore leonés pleno de sentimiento local, danzas,
indumentarias y el sonido insustititible de la vieja dulzaina.
Sin embargo, es la romería tributada a un santo,
aunque sobre suelo mariano en la Virgen del Camino y jaleada por la propia patrona
leonesa, la que pasa por ser la fiesta mayor y la más popular entre los leoneses.
Es el día de San Froilán (5 de octubre), y en ella se concitan procesionantes
que rodean el santuario en penitencia, "anovenarias" de voto viejo,
tenderetes, fritangas, venta de "perdones", danzas y cascabeles en
esta localidad enclavada en el Camino de Santiago y que contempla desde su altura
a la ciudad de León
En
todas ellas, al igual que en gran parte de las fiestas de la montaña y de las
riberas, son habituales las manifestaciones deportivas decididamente leonesas
y únicas en el planeta, como son esos "bolos leoneses" que no se juegan
con bola entera, sino mediada y caprichosa, y los "aluches"(lucha
leonesa) que hincan sus raíces en los ejercicios gimnásticos que ya realizaban
los clanes astures antes de que Roma descubriera y sometiera a esta tierra.
Así se deja ver en un paraje coqueto, a la sombra de un santuario de planta
medieval, donde la Virgen de las Manzanedas congrega a toda la ribera del Torío
que la honra como patrona.