Comienza el ciclo con otro atavismo propio de los leoneses, cuando en enero aún no han concluido las celebraciones navideñas y en los pórticos o en las iglesias se representan popularmente las tradicionales "pastoradas", la "cordera" o los "Autos de Reyes" (comarcas de Los Oteros, ribera del Esla....), cuyo decaimiento aún reciente ha encontrado su final en un nuevo impulso de recuperación.
Pero es sin duda la Semana Santa quien preña el atisbo primaveral leonés de fiesta grande y rito cofradiero, solemnidad religiosa en la que, sin embargo, encajan gestos profanos que causan notable perplejidad.
La Semana Santa
de León es especialmente densa en celebraciones, ritos procesionales y, con
un vigor creciente que aumenta el número de cofradías y desfiles (Jueves y Viernes
son las jornadas de espectáculo imaginero y procesionante de "papones",
que es como aquí se conoce a los nazarenos). Pero también en Sahagún (arcaismos interesantes con procesión de los
borrachos y una imaginería de talla ruda y popular muy interesante), en Ponferrada
y en Astorga, donde sayas y caperuzas, tamborrada y cirio, elevan a condición
de fiesta lo que un día fue estrictamente penitencial.
Dentro de la Semana Santa de
la ciudad de León destaca por su paradójica puesta en escena, una ceremonia
reciente y tnunfante, bufa y hurlesca, en la que se conmemora la muerte de un
pellejero de la gallofa. Es el "Entierro de Genarín" que tiene su
norma en la horda borracha de orujo de sus discípulos que compiten en hora y
casi en escenario con la tradiciónal "Ronda" oficial de nazarenos
que recorre la ciudad advirtiendo a sus cofrades con un "levantate hermanito,
que ya es la hora".
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Pascua, a continuación. En Cacabelos (Bierzo) es fiesta
grande y feria de obligada asistencia, mientras que en estas jornadas pascuales
no pocos pueblos de la montaña ahorcan en la plaza o de algún árbol de porte
un monigote que parta sus pecados y que, con el nombre de Judas, será quemado
para redención del común.
El calendario vuelve a estallar en fiesta cuando llega el Corpus que decreta día grande para no menos de sesenta pueblos leoneses, aunque es en Laguna de Negrillos (Páramo) donde la exaltación arcaica de un catecismo popular y callejero, inunda el pueblo con una procesión de singular interés en la que se aprecian mixturas sacramentales, danzantes con enaguas inmaculadas y un sentido de la devoción muy particularmente entendido.