En primer término, los Carnavales, claro está. Al igual que en toda la geografría norteña, hunden aquí sus raices en pretéritos populares de indescifrable origen. Es la fiesta de los "antruejos", de los "zafarrones" o de los "guirrios". Son especialmente recomendables los que se celebran en Velilla de la Reina y Llamas (Ribera del Orbigo), que pasan por ser los que mejor conservan sus antiguas raices.   Sin embargo, la fiesta densa y el bullicio tienen su capital en La Bañeza, ciudad que tuvo el privilegio de no ver interrumpidas sus celebraciones de Carnestolendas ni en las épocas de más rígida censura o prohibición. Tres días de carnavalada convierten a La Bañeza en cita de toda la provincia. Ultimamente, compiten con ellos en ruido y bullanga los carnavales de León y Ponferrada, junto a los de Astorga, que son los únicos que caen en el calendario dentro de la Cuaresma, al celebrarse el "Sábado de Piñata".    
    Pero quien desee calar en la entraña y en los ancestros de estos "andrajos" puede recalar en Burbia (Ancares) donde la carnavalada se llama "los maranfallos ", cortejo de gentes camufladas en ropaje de destrozo que bautizan de ceniza a los mirones o rebuncan a las mozas para cumplir con el dibujo carnal de la jornada.   Al filo entre la carnavalada culta y los disfraces callejeros, destacan las "fiestas romanas" que incluye Astorga en el programa oficial de agosto. Un circo, carreras de literas, ambientación latina y una ironía clásica sirven para que esta ciudad honre su origen romano bimilenario.