Que nadie piense que en las alturas climáticas de esta tierra donde corre la leyenda de ciertas friuras climáticas y temperamentales no cabe la fiesta densa, la antigua o la nueva, bulliciosa celebración, sorprendente a veces, la ceremonia sacrosanta o el esperpento más pagano y paradójico. Si León es tierra de contrastes, en la fiesta no lo es menos.
Por caber; casi no caben las fiestas dobles de
cada uno de los mil cuatrocientos pueblos que se siembran en esta prodigiosa geografía, y
en los que la tradición ordena festorio de guardar por un lado, y otra fiesta más
doméstica, quizá sin mucha verbena, pero preñada de viejos sentimientos, perfiles
arcáicos o notas propias que las puede convertir en un viejo museo de la alegría
secular; fiesta de andar por casa.
Hay huellas astures en los pliegues del ropón festivo leonés. Hay precepto casi siempre y alguna Virgen que agradece y disculpa casi todo. Hay bullanga y procesión. Hay un universo de tipos y costumbres. Mitos y creencias y sobre todo, hay ganas incontenidas por sacar de dentro el demonio de la juerga, porque para eso aguanta este pueblo el peso de los días y de los trabajos.
No hay aldea, pues, por humilde y despoblada que parezca, en la que no explote el cohete del júbilo y salga a la calle el estandarte o el pendón. La mesa se cubre de mantel de gala para que todos vuelvan a casa y todos los demás se sientan invitados.

C/Santos
Ovejero 27- Bajo 24008 León
987 091 082/
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