El Rio
En
el Torio, al igual que en gran parte de los valles y riberas altas
de la provincia de León, puede interpretarse el tiempo en los ingenios
de riego que aún están escritos en esta vega desde hace diez siglos.
Es el caso de las presas que históricamente abastecieron la ciudad
de León desde su fundación romana, redibujadas y ampliadas durante
la Edad Media y perfectamente funcionales en nuestros dias. Junto
a ellas se dibujaron prados y heredades. Mientras el Torio cruza
el Infantado le nacen siete presas en su margen derecha y otras
cuatro en la izquierda. A su paso, camino de agua, se crean un paisaje
de fronda y túneles verdes, de frescor y vida.
A
lo largo de su cauce resisten en el tiempo con humilde gallardía
los viejos molinos maquileros, vieja industria de la ribera moliendo
grano o lino. Del término de San Feliz nacen las dos más afamadas,
la Presa Vieja y la de San Isidro, que nació como propiedad exclusiva
del abad. A lo largo de sus acequias crecen linderos vegetales de
vieja estirpe en los que resisten especies relicarias de arbustos.
Fuera de campañas de riego cuando se secan, sus cauces se convierten
en un fascinante corredor para todos los que tengan curiosidad botánica
o sencillamente ganas de pisar sendas originales con veinte siglos
de historia.
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