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Tierras que verdean a orillas de los ríos y tierras rojas y secas entre ríos, valles de erosión, fértiles vegas y vegas ralas, planicies y altas planicies, que “con frecuencia rompen colinas y castros y cerros cónicos, atalayas oteadoras, fenómeno de suaves relieves, fruto de erosiones multimilenarias” (Florentino A. Díez).
Este es el paisaje, que curiosamente no ven por la inmediatez y los trabajos cotidianos, y a los forasteros sorprende. Conmueve la aridez esteparia y asombra la verde y fresca alineación ribereña.
Enhiestos chopos, álamos blancos, negrillos retorcidos y bravos, son los estandartes de las riberas. Una exigua vegetación ralea en las parameras frías. En otras partes las espigas rinden sus incansables cosechas.

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