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Incrustada en un concilio de fenomenales formaciones
geológicas, Vegacervera y todo su entorno resumen perfectamente la vida
natural y el dibujo de las zonas de montaña. Es decir, roca viva, bosques,
pastos, ríos y unas gentes que han sabido medirse con su medio para hacernos
llegar hasta hoy un paisaje privilegiado. Añádanse
todos los caprichos que ha ido labrando el cincel del agua a lo largo
de millones de años y, así, se pueden entender unas impresionantes Hoces-pura
garganta abierta por el Torío- o esas Cuevas de Valporquero que se prolongan
en kilómetros de grutas y orfebrería caliza. Cascadas escondidas, ríos
subterráneos, lagos o inmensas salas en las que cabría una catedral...
Aquí hay de todo.
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Salvo la cruda peña que planta cara vertical a vientos y a hielos, un
manto vegetal de fronda y monte bajo cubre las faldas de interminable
moles. Hay robles, hayedos, abedules, fresnos, sauces, chopos, una interminable
vegetación menuda y florida, así como una sugerente farmacia natural en
no menos de cien especies medicinales. Entre la fauna, y salvo el oso,
también de todo: lobos, corzos, jabalíes, zorros, garduñas, tejones, águilas,
diez especies de aves rapaces y una colonia inabarcable de pájaros y vida
silvestre. ¿Cómo resistirse
al espectáculo que salta a cada paso y a este privilegio gratuito que
se llama Vegacervera? ...
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