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Cuesta Abajo


Cuesta Abajo

Si, hoy no es Castrocalbón ni la sombra de su pasado, de las prósperas y numerosas, villas que se esparcían por todo el término sólo quedan vestigios; los quinientos vecinos que constituían su población hasta hace treinta años, hoy se encuentran, reducidos a la mitad. Aunque este fenómeno es muy corriente en la época actual, creo sinceramente, que aquí no hubo causas insalvables ni tiene por qué ser tan acentuado.

La decadencia da comienzo desde antiguo; las causas son complejas y, si unas veces son externas, muchas tienen su principal origen en el Interior.

El saqueo realizado por las gentes de Benavente, es un leve indicio que parece querer reflejarnos el mal trato sucesivo que esta villa va a recibir desde fuera. Otra causa que debemos apuntar son las pestes que ayudan a despoblar territorios, aunque vemos una temprana recuperación en cuanto a demografía se refiere. Creo que, la Guerra de la Independencia fue una de las causas exteriores principales y acaso la que más acentúa o precipita la pérdida de preponderancia de Castrocalbón: sin duda al asentarse las tropas gabachas en La Bañeza, ésta logra una mayor Influencia, que ya venía en creciente, sobre la jurisdicción de otros lugares y con detrimento de los que como Castrocalbón se veían además azotados por continuos saqueos y requisas (abunda la documentación) de las tropas enemigas, y mermados en su productividad a causa de la fuga de la juventud para luchar contra el odiado Invasor.

Pero el abandono hay que considerarlo desde dentro, principalmente. La apatía de muchas gentes de esta localidad hacia las causas que puedan incidir en su decadencia y a procurar realizaciones constructivas que la eviten, e incluso la superen, es evidente y se viene dando, al Igual que hoy, desde antaño; las pérdidas insustituibles (de fundaciones, de obras pías, desbarajuste administrativo, pérdida de bienes de instituciones, pérdida de bienes artísticos, pérdida -por indolencia o destrucción- de monumentos, pérdida de ... ) son miradas por los lugareños con el clásico encogerse de hombros que no sabemos dónde va, pero sí adónde, desgraciadamente, llega.

Es la década de los setenta la que está planteando unos problemas superlativos, de cuya solución depende el futuro. La decadencia se acentúa y debemos hacer lo imposible para contenerla e incluso procurar el logro de "un nuevo amanecer' de progreso para este solar.